El muro blanqueado

La comunicación popular, la del pueblo, la de la comunidad misma siempre busca la forma para expresarse. Frente a las adversidades que puedan presentarse y frente a los intereses opuestos que pretenden acallar voces y destruir todo tipo de acción comunicativa alternativa, surgen las voces que siempre y siempre resisten. Esto fue lo que pasó en la Comunidad de los Shipibas, en el Festival de Cantagallo que se realizó en Lima hace un tiempito atrás.

Como sigue sucediendo en todas las capitales o grandes ciudades de Latinoamérica, la migración del campo a la ciudad o, en este caso, de la selva a la ciudad, es un fenómeno bien arraigado que sigue existiendo. Se migra porque en su lugar de pertenencia no tienen las posibilidades de “progresar” en el sentido capitalista del término. Se migra aunque la gran ciudad no les ofrezca las condiciones básicas de subsistencia. Se migra por varias razones, pero no es mi intención aquí hacer un análisis del tema, ni juzgar esas razones, simplemente contar que los shipibas son una comunidad de la selva peruana que ha migrado a un asentamiento sanitario en el centro de Lima. Viven en un espacio urbano absolutamente contaminado, a la vera del río Rimac. No cuentan con servicios higiénicos básicos y los gobernantes todavía no le encuentran una solución a la problemática, o no quieren encontrarle.
Los y las compañeras de la Casa Pocofloro trabajan en este barrio y realizan todos los años un festival con recitales, talleres y muralistas para recaudar fondos y colaborar con la situación de estas familias. En este caso, van a construir un baño para el uso comunal, ya que no existe actualmente.

En el playón del barrio había una pared, blanqueada, para hacer murales. Como comentaba, se convocó a varios colectivos de muralistas para que participaran mediante la realización de una obra que representase diferentes temáticas vinculadas a la forma de vida en la selva. Pero la municipalidad de Lima no les dio el permiso para pintar. Sí les envió las estructuras para que los compañeros/as puedan hacer su trabajo… pero no les extendió el permiso para pintar. Incoherencias.
Se vivieron momentos un poco tensos, los colectivos aguardaban para ver cuál era la solución. ¿Cómo expresarse a pesar de las limitaciones gubernamentales? Y así, decidieron plasmar su trabajo en las viviendas de los habitantes del barrio. Se observaban caras felices por parte de los shipibas, los niños y las niñas se sumaban a la pintada de sus casas. El barrio cambió de color, la comunicación alternativa encontró su espacio de manifestación. Y esto, además, generó un encuentro distinto entre habitantes y colectivos de muralistas.

Esto fue un hecho político, fue una reivindicación, fue buscar la forma a pesar de todo. Fue mejor que llenar de colores la pared blanqueada.

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Un pensamiento en “El muro blanqueado

  1. Impresionante!! ejemplos de vida y más ejemplos… la creatividad y la imaginación al servicio de la superación y la paz… pensar que la respuesta automática de muchas personas con más y mayores recursos seria la violencia… que mal acostumbrados que estamos… que ironía…. ojala que estos casos puedan multiplicarse… alcemos las voces!!!!
    Gracias amiga de nuevo por el testimonioooo

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