El muro blanqueado

La comunicación popular, la del pueblo, la de la comunidad misma siempre busca la forma para expresarse. Frente a las adversidades que puedan presentarse y frente a los intereses opuestos que pretenden acallar voces y destruir todo tipo de acción comunicativa alternativa, surgen las voces que siempre y siempre resisten. Esto fue lo que pasó en la Comunidad de los Shipibas, en el Festival de Cantagallo que se realizó en Lima hace un tiempito atrás.

Como sigue sucediendo en todas las capitales o grandes ciudades de Latinoamérica, la migración del campo a la ciudad o, en este caso, de la selva a la ciudad, es un fenómeno bien arraigado que sigue existiendo. Se migra porque en su lugar de pertenencia no tienen las posibilidades de “progresar” en el sentido capitalista del término. Se migra aunque la gran ciudad no les ofrezca las condiciones básicas de subsistencia. Se migra por varias razones, pero no es mi intención aquí hacer un análisis del tema, ni juzgar esas razones, simplemente contar que los shipibas son una comunidad de la selva peruana que ha migrado a un asentamiento sanitario en el centro de Lima. Viven en un espacio urbano absolutamente contaminado, a la vera del río Rimac. No cuentan con servicios higiénicos básicos y los gobernantes todavía no le encuentran una solución a la problemática, o no quieren encontrarle.
Los y las compañeras de la Casa Pocofloro trabajan en este barrio y realizan todos los años un festival con recitales, talleres y muralistas para recaudar fondos y colaborar con la situación de estas familias. En este caso, van a construir un baño para el uso comunal, ya que no existe actualmente.

En el playón del barrio había una pared, blanqueada, para hacer murales. Como comentaba, se convocó a varios colectivos de muralistas para que participaran mediante la realización de una obra que representase diferentes temáticas vinculadas a la forma de vida en la selva. Pero la municipalidad de Lima no les dio el permiso para pintar. Sí les envió las estructuras para que los compañeros/as puedan hacer su trabajo… pero no les extendió el permiso para pintar. Incoherencias.
Se vivieron momentos un poco tensos, los colectivos aguardaban para ver cuál era la solución. ¿Cómo expresarse a pesar de las limitaciones gubernamentales? Y así, decidieron plasmar su trabajo en las viviendas de los habitantes del barrio. Se observaban caras felices por parte de los shipibas, los niños y las niñas se sumaban a la pintada de sus casas. El barrio cambió de color, la comunicación alternativa encontró su espacio de manifestación. Y esto, además, generó un encuentro distinto entre habitantes y colectivos de muralistas.

Esto fue un hecho político, fue una reivindicación, fue buscar la forma a pesar de todo. Fue mejor que llenar de colores la pared blanqueada.

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Imaynallan Kashanki

Si quería ir a la comunidad, algunas palabras en Quechua tenía que incorporar a mi vocabulario; es más, lo ideal hubiera sido tomar unos cursos de quechua cusqueño, que se supone que es el original, ya que en Cusco se encuentra algo así como la “Real Academia Cusqueña de Quechua”. Sucede que en las diferentes comunidades y países cambian algunas palabras y pronunciaciones  y esto hace que haya una suerte de disputa acerca de cuál es el quechua genuino. Al ser una lengua que se transmitió oralmente, hoy es difícil determinar cuál es su base “ilustrada”, escrita, con gramáticas occidentales.

En fin, en este intento por aprender el idioma, solo alcancé a repetir algunas pocas expresiones: el hola, cómo te va?, el gracias, el adiós nos vemos, y siempre con el cuadernito en mi bolsillo por si me olvidaba. Y eso fue fundamental para acercarme a las Sisichas “hormiguitas”. Pero también me di cuenta que, en ciertas ocasiones, no hacen falta las palabras. Solo con unas miradas cómplices, unos gestos solidarios, unas sonrisas reciprocas, se da un espacio de comunicación, de encuentro.

Eso fue lo que me pasó en la comunidad Queyupay cuando acompañamos a los compas de la Asociación Pukllasunchis. A las 4 de la madrugada, con un frio acuciante, nos pasaron a buscar Alex, Lucho y Javi por el hospedaje donde estábamos en Cusco. A las 8 de la mañana arribamos a la comunidad. Las y los profes, los y las niñas sabían que llegaríamos; como cada día, se levantaron muy temprano para caminar kilómetros y kilómetros por los cerros y llegar así a su escuela. Habían estado trabajando varias semanas para este gran día, para el día de la grabación del programa de radio de las Sisichas

La Asociación trabaja desde hace muchos años el tema de la educación intercultural. Tienen diferentes proyectos dentro de la organización, pero nosotras nos vinculamos sobre todo con el área de la radio. Ellos/as entienden la interculturalidad como la interrelación entre dos personas con cosmovisiones diferentes. Sucede por ejemplo que, aunque haya personas que sean de la misma zona pero de comunidades diferentes, también tienen conflictos interculturales. Es decir, intereses, cosmovisiones y necesidades distintas; por ejemplo un ritual puede ser denominado de diferentes maneras entre comunidades. Es por ello que se hace imprescindible conocer al otro para interactuar con él y respetarlo. Respetar la libertad de credo y las identidades. Y desde estas diferentes miradas construir nuevos sentidos.

Es por ello que nació el centro de producción de programas radiofónicos pero desde la propuesta educativa. En el equipo de trabajo hay antropólogos, comunicadores y pedagogos. Y desde la investigación con los comuneros construyen los programas. La radio es entendida como un pretexto para la visibilización y el reconocimiento de las diferentes culturas, para la transmisión de conocimientos, de leyendas, cuentos y mitos. Y para que los mismos comuneros participen activamente y se escuchen mutuamente.

En el caso de la grabación de programas en las comunidades, se trabaja con los/as docentes los aspectos pedagógicos para que sean ellos/as quienes aprendan de los niños y desde sus marcos de referencia. Entienden que si el niño se reafirma en su forma de concebir el mundo, es mucho más sencillo incorporar otros conocimientos que pertenecen a otras cosmovisiones, desterrando siempre la imposición. El hablar con los niños sobre cuestiones de su contexto permite que ellos aprendan a argumentar. Si se les habla de jirafas por ejemplo, no van a poder participar activamente porque en su contexto no hay jirafas. Ahora si hablamos de las ovejas, de la papa, del pastoreo, los niños podrán expresarse libremente y desde allí incorporar otros conocimientos que sean diferentes a su cultura.

Alex nos contaba que en este camino fueron aprendiendo de sus propios errores, cambiando sus paradigmas de comprensión sobre el trabajo, revisando cada estrategia que iban implementando. Por ejemplo, en relación a la radio, el micrófono siempre es la vedette, el centro de la escena. “En la comunidad eso no pasa, el niño tiene otra forma. Para plasmar algo tienen que actuar, concretizar, eso no lo van a poder hacer si el micrófono es el centro. Tú los persigues a ellos con el micrófono. Los tiempos y espacios en la comunicación son diferentes, desde nuestro paradigma hay un narrador, una cortina, etc. Pero ellos lo concretizan, es decir,  si dicen q van a la chacra, están yendo a la chacra y reafirman sus pasos”.

Y exactamente eso fue lo que pasó en la comunidad que visitamos. Había un niño narrador, y otros se desplazaban por todo el espacio de la escuela. Interpretaban a las ovejitas que se movían, el sonido-efecto de un cui era efectivamente un cui que lo hacían chillar, cuando hablaban de la cocina, todos y todas se dirigieron al espacio de la cocina donde estaba la olla en el fuego. Y así.  

En este caso, los niños interpretaron la leyenda de un pájaro malo, tipo un cuervo, que representa al conquistador, al español malvado, al peligro. Y este es un mito de resistencia que es bien conocido entre los comuneros. Cada uno de los niños y de las niñas sabían donde debían ubicarse, cuáles eran los pasos a seguir. Se notaba que se habían apropiado de la historia, que era producto de un proceso participativo.

Asimismo, nos contaron acerca de otras situaciones que les hicieron aprender y reelaborar; por ejemplo habían grabado el sonido de unas campanas y lo utilizaban para todo, pero los niños les señalaron que esas campanas eran utilizadas únicamente para los entierros. O bien, reconocen que un pajarito no es de su comunidad, o que a media mañana no cantan las aves.

Las temáticas y las propuestas de los efectos surgen desde el aula, desde la participación de los niños y las niñas. Si deciden trabajar el tema de la siembra de la papa, conversan con sus padres, preguntan a los mayores como es esa costumbre, mito o leyenda, lo dibujan y se contextualiza en escenas. Todos ya saben que tienen que hacer y participan de alguna manera en el momento de la grabación. Luego se escuchan por la radio del pueblo, allí reconocen su voz.

El docente y los integrantes del equipo de la asociación se basan en no creer que son ellos los que saben, la autoridad, sino más bien, aprender de los comuneros y construir junto a ellos. Lucho, el antropólogo, nos contaba que “a partir de estos programas, los pobladores escuchan sus historias en su propia lengua, su forma de vida; algunos que migraron a la ciudad sienten la nostalgia de escuchar sobre su anterior vida en sus tierras, y aquellos que viven en la zona rural se enteran que  hacen en otras comunidades. Todo esto permite la apertura a la comunicación con sus hijos, es motivo de dialogo en la familia”. Los integrantes del equipo también se sienten movilizados por lo que pasa en las comunidades.  “A medida que vas conociendo más, te vas enamorando de las comunidades, de las personas, y tú mismo te vas reafirmando en ciertas cosmovisiones. Cosas que siguen vivas y siguen latentes. Hay un ser arriba que te está mirando, que te cuida, está ahí y tú mismo te sacudes”.

Estos días en la comunidad fueron bien intensos, porque no solo aprendí acerca de la metodología de trabajo de la organización que me pareció maravillosa por la apertura al aprendizaje y el respeto por esta forma de vida, sino más bien, pude empezar a entender un poquito sobre la cultura andina. Solo un poco, porque no saber el quechua me ha limitado bastante en esta tarea.

Sin embargo, siendo de otra cultura y con costumbres tan urbanas y capitalistas, pude sentir en mi cuerpo la importancia del dialogo con la naturaleza, aprehender la presencia de los Apus y de la Pachamama, el respeto por ese diálogo. Todo en la naturaleza es animado, las piedras tienen vida, asimismo la tierra y están en constante encuentro con ellos.

Y sí, algo de eso sentí, algo de eso aprendí y me cambió un poco mi forma de mirar el mundo, sobre todo, mi relación personal con la madre naturaleza. Y también el vínculo con los niños y las niñas, con las madres que estaban en la escuela. Ellos y ellas me enseñaron mucho, me expresaron un cariño infinito, me dedicaron canciones, me regalaron sonrisas y miradas y todo esto sin pedir  nada a cambio, porque esa es su cultura, es dar sin esperar recibir. Es pureza, es alegría, es amor genuino.

Gracias!

Para escuchar algunos programas de los Sisichas, hacé click  http://www.pukllasunchis.org/radio/programas.php

¿Civilización o Barbarie?

Mis impresiones acerca de La Paz.

En una rápida y superficial mirada podríamos pensar que La Paz es una ciudad que de pacífica no tiene nada. Taxis y minibuses que te ofrecen transporte a los gritos, bulla general por las calles, marchas y bloqueos constantes, vendedores ambulantes en cada esquina, turistas fatigados en cada peldaño. Hojas de coca, colores fuertes, mercados, carreteras extensas, cerros nevados, y barrios, más barrios y más barrios que te envuelven desde las alturas. Sí, parece caótica y de alguna forma lo es. Pero esa puede ser una primer mirada, una mirada acusadora, estereotipada, soberbia.

No obstante, otra mirada podría ser que en La Paz se busca la paz justamente, porque en esta ciudad se conjugan todos los pueblos, y se interpela a la tolerancia; en esta ciudad se expresa  la alta politización que está atravesando su pueblo y eso va de la mano de su cultura. En la Paz hay indígenas con “occidentales” que intercambian, que dialogan desde algún punto. En la Paz hay expresión. Y ojo que cuando hablo de esta ciudad también me refiero a la ciudad del Alto, que si bien no es la misma y no quiero ofender suceptibilidades, son dos grandes ciudades que de alguna manera están atravesadas por elementos identitarios comunes. Claro, el Alto, en algún punto, es bien determinante a la hora de las luchas sociales.

Y se habla del Vivir Bien en la Paz, porque no es una metrópoli alejada de sus comunidades, de su campo, de la naturaleza, de la cosmovisión andina. Justamente es una capital que está altamente influenciada por esta forma de mirar al mundo, una forma que los occidentales nos cuesta mucho comprender y aprehender. No se que pasó con los objetivos coloniales, pero creo que en La Paz no pudieron “civilizar”. Aquí sí se respira interculturalidad.

Los días que estuve en esta ciudad fueron altamente interesantes. Conocí muchas organizaciones, conocí a personas maravillosas, pijché coca más de una vez para que mi cuerpo tolerara los bailes folclóricos sin agitarme demasiado, tomé cerveza… si, si mucha, para no perder la costumbre! Y también me involucré con la historia de Tupac Catari y de su esposa Bartolina Sisa, que fueron dos indígenas que se la jugaron por nuestra independencia.

En la Paz también me tocó vivir un bloqueo. Pero cuando se bloquea en Bolivia, se bloquea en serio. La estrategia es cerrar los caminos en el Alto, para que nadie pueda entrar ni salir de la ciudad. Y efectivamente así sucede. Dos días fueron los que permanecí de más en la ciudad hasta que pude viajar. Pero,  lo fascinante de esto fue ver las calles de esta ciudad “poco pacífica” absolutamente vacía de vehículos pero repleta de hombres y mujeres caminando hacia sus trabajos. Y algunos se fueron desde la zona sur hasta allá arribita, en el Alto. En este caso el problema era con los transportistas, los dueños de los minibuses que querían implementar un aumento en el pasaje y además tenían que adaptarse a una nueva ordenanza que, desde su mirada, los perjudicaba. Pero la población, claramente les expresó, mediante sus actos,  que con ese recurso no iban a poder lograr parar a la ciudad.

En la Paz, a diferencia de Buenos Aires o Lima, se escucha el aymara por todos lados. Los jóvenes, no todos pero muchos, saben o entienden el idioma y bailan la morenada, el caporal o y los distintos bailes tradicionales. Están en un proceso de revalorización de lo propio, de sus costumbres ancestrales, anteriores.

Esa es la Paz. Una ciudad donde cada sector se expresa libremente, donde se construye interculturalidad, donde se trabaja por la tolerancia y la no discriminación, donde se discute mucho, pero mucho, donde se habla del Buen Vivir y la Descolonización, donde se construye dialogo. Esa es La Paz que viví.

Algunos de los maravillosos seres con quienes compartimos:

Gracias Freddy por llevarnos a distintos lugares  y contarnos tan profundamente sobre la cultura andina.

Gracias Roni (capo!) por venir a buscarnos a las 4 de la mañana a la terminal y explicarnos la situación política de La Paz a las 5.30.

Gracias Miguel por tenernos tan en cuenta, movilizar todo para que no nos falte nada y por las conversaciones interesantes que tuvimos.

Gracias Ronald por abrirnos las puertas de tu casa, con llave incluida, y compartir con nosotras las cenas y la cotidianidad.

Gracias Tania por los bailes tan lindos del folclore boliviano y por toda la confianza que depositaste en mí.

Gracias Genaro por ser mi amigo y compartir tantas cosas lindas, por la risas y la complicidad.

Gracias hermana Elsa por ser una mujer tan hermosa e inspiradora.

Gracias Henrry por estar.

Y también quiero mencionar  a la compatriada con las que nos divertimos tanto, tanto, tanto Mari, Romi, Chava y Seba, y obvio Dani, mi compañera de ruta!!

Escenas de nuestra tierra

Experiencias con el Grupo de Teatro Arbol – El Alto

A las 4 de la tarde era la cita frente a la Plaza del Estudiante, en la ciudad de La Paz. Luego de varias corridas durante el día, llegué al lugar indicado y me encontré con un teatro colmado de adolescentes  que gritaban, se reían, se empujaban y eran acallados por las maestras, que trataban de poner un poco de calma a la situación. Eran estudiantes que estaban aguardando para ver Las Venas Abiertas de América Latina, una obra interpretada por el grupo de teatro Albor de la ciudad de El Alto, en Bolivia.

Me senté en una butaca y mientras esperaba a que comenzara la función, era participe de charlas y chistes entre los jóvenes y, también, era la destinataria predilecta  de todo tipo de golosinas y carpetas que volaban por los aires. De repente, apagaron las luces y Willy Flores, director de la organización, apareció en el escenario. Pero los chicos y las chicas, cientos de ellos, seguían con sus gritos típicos. La obra comenzó y de a poco esas voces se fueron apaciguando para transformarse en interacción con lo que pasaba en la dramatización. Es que las escenas interpelaban y dialogaban con el público. Se estaba narrando nuestra historia; la historia de la colonización, del sufrimiento de nuestros pueblos, de la dominación. Esa historia que nos cala bien hondo a todos los latinoamericanos.

La experiencia fue maravillosa ya que, a partir del humor y la parodia, el grupo de teatro logró escenificar los momentos más crudos que ha vivido nuestra región. Y los adolescentes fueron apropiándose de lo que sucedía en el escenario, dando respuesta a los personajes que hacían su aparición, como por ejemplo,  al Imperio, montado sobre zancos con sus colores característicos y su ímpetu soberbio.

Albor  es un colectivo que trabaja la inclusión social de los jóvenes  desde diferentes expresiones artísticas. Willy Flores, su director, nos contó que este grupo surgió en el año ’97 a partir de la necesidad de revalorizar la identidad de la juventud, ya que en ese momento visualizaron que los jóvenes se encontraban muy alienados, estigmatizados como pandilleros y atravesados por estereotipos del norte muy marcados. Fue así que decidieron formar un grupo para intentar cambiar esta mirada pero a partir de la poesía.  Según Willy, “una poesía popular, progresista y de izquierda, que rescatara nuestros valores culturales”. En los comienzos, se reunían en las calles y en las plazas. E iban haciendo presentaciones itinerantes de declamadores y trovadores. Luego, surgió la necesidad de un espacio físico para la incorporación de más jóvenes y comenzaron a trabajar desde el teatro.

Hoy por hoy, llevan adelante distintos festivales intercolegiales, de los que participan más de 10.000 jóvenes en 21 barrios de El Alto. Y, asimismo, trabajan con dos grupos, uno de niños y niñas y otro de adolescentes y jóvenes, en la producción de obras de teatro que luego son presentadas en diferentes departamentos de Bolivia. Los temas que abordan están vinculados a la educación sexual, a la perspectiva de género, a los derechos humanos, al ambiente y las dificultades con el agua por ejemplo, entre otros. Y realizan tanto adaptaciones de libros como guiones propios a partir de un proceso de creación. En ese sentido, ya han realizado más de 300 interpretaciones de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

La organización se reivindica ligada al movimiento popular y acompañando el proceso de cambio que lleva adelante el país. No entienden el arte por el arte, sino que, en sus propias palabras, “hemos decidido transformar esta sociedad por medio del arte. Nuestro medio de comunicación es el teatro. Estamos  aportando a este proceso latinoamericano y ya no hay vuelta atrás”.

Aprovecho la ocasión para agradecerle a Genaro, compañero de la muni del Alto, quién nos presentó a la organización.

Seguilos o ponete en contacto con ellos:

http://teatroalbor.blogspot.com/

Facebook: Teatro Albor

Sucre y la independencia Boliviana

Sucre y la independencia Boliviana

Sucre fue la cuarta ciudad Boliviana que visitamos. Ya habíamos estado en Villazón, Uyuni y sus salares, lagunas y volcanes, donde disfrutamos de paisajes impresionantes, de altísimas alturas y fríos acuciantes. Potosí, ciudad colonial donde nos vinculamos con el trabajo de los mineros y entendimos porque esa ciudad fue tan próspera  durante la colonia y tan abandonada una vez que se explotó lo más interesante de sus minas.

Y finalmente Sucre, ahí entendimos parte de nuestra historia.

 

Sucre es una ciudad bien urbana y universitaria, se encuentran jóvenes por todos los rincones, que migran a esta ciudad para estudiar. Pero además, es la capital constitucional y administrativa del país. Creo que lo que más movilizó de esta ciudad fue encontrarme con la historia y los restos de Doña Juana Azurduy. Claro, es que ella fue una mujer luchadora como pocas y reivindicada por muchos movimientos de mujeres.  Me erizó la piel chocarme frente a su tumba y entender que en esa tierra es donde había comenzado todo.

Pero además, no solo está la Juana, sino que en este edificio estudiaron todos los “próceres” de la independencia ya que fue la primer universidad de Latinoamérica en enseñar leyes. Moreno y Castelli, por ejemplo, estudiaron acá.  En esta ciudad también comenzaron las batallas por la independencia. Bolivar y Sucre, ambos  nacidos en Venezuela fueron los libertadores de esta zona, que se llamaba en ese tiempo  el Alto Peru. Y fue también en este edificio donde se firmó la Independencia de Bolivia en 1825, último país en independizarse.

Mujeres de polleras protagonistas

Entrevista a Elsa Chambilla, Concejala del Municipio del Alto, Bolivia.

Caminar por Bolivia, recorrer sus calles, sus mercados, es encontrarse con mujeres de polleras. Comúnmente se las llama “las cholas”. Y estas cholas son las que hacen avanzar al país, a los barrios, a las comunidades. Ellas son las que trabajan en el hogar, las que cargan a sus niños y niñas en sus espaldas, las que trabajan la tierra, las que venden en los mercados, las barrenderas, las carniceras, las que muchas veces trabajan en las construcciones.

Se las ve como mujeres muy fuertes y trabajadoras y  hoy, con el proceso de cambio que vive el Estado Plurinacional de Bolivia, están tomando protagonismo en lo vinculado al liderazgo. Comienzan a hacerse cargo de las organizaciones gremiales, sindicales, comunitarias. En el marco de este proceso, conocí durante mi viaje a la Honorable Elsa Chambilla. Una mujer de polleras. Una mujer trabajadora. Una mujer dirigente. Una mujer Concejal del Municipio del Alto. Y tuve la oportunidad de hacerle una entrevista sobre su vida. Aquí comparto su historia.

 

Elsa proviene de una familia humilde. Nació en la ciudad de La Paz y es la segunda de seis hermanos. Su padre era empleado y su madre trabajaba en las ferias, como tantas mujeres bolivianas. Desde pequeña comenzó a acompañar a su madre en sus tareas y empezó a interesarse por el mercado de las carnes   “De chiquita me gustaba vender carnes, como mi tía, que era carnicera. Y yo le decía, mami cómprame un cordero, me lo cortas y yo lo voy a vender”.  Elsa siguió el ejemplo de su madre, quién “se ocupaba para que la familia tenga para comer”.

Unos años después la familia decidió mudarse al Alto, donde era más económico vivir y todavía era campo, no se había constituido como la ciudad que es en la actualidad. Para hacerse una idea, la ciudad del Alto rodea a la de la Paz. Hoy hay un millón de habitantes y es el paso obligado para llegar a la capital política de Bolivia. Es por ello que el Alto se posiciona como una ciudad muy importante actualmente ya que, además de que habitan muchas personas allí, sobre todos migrantes de las provincias, existe un alto nivel de organización y lucha social, que hace que esa ciudad se transforme en eje de todas las reivindicaciones sociales.

Elsa, una vez instalada en el Alto, siguió trabajando en el mercado y, siendo mayor, comenzó a participar de una de las asociaciones de carniceras de la ciudad. “Habíamos formado la asociación del sector donde yo represento. Por ese entonces a las mujeres no nos permitían ni hablar, solo los varones trataban de hablar y llevar la cabeza de una organización”. Sin embargo, ella siguió participando y en esta asociación “Me eligen como estandarte, llevar la bandera. Era bien importante,  si tiene la bandera es porque uno cumple con todo lo que pide la organización”

En su oficina

De a poco entonces, esta mujer fue avanzando en la participación gremial, siendo activista de asociaciones vinculadas a las carnes y luego de la Federación. En este sentido, fue ocupando distintos cargos, y en este proceso, fue aprendiendo sobre distintos temas y, espontáneamente se transformó en la Secretaría General, cargo máximo dentro de las asociaciones, sin buscar ocuparlo. Como Secretaría General se encargaba de todos los problemas de su asociación y llevar las problemáticas a la Federación de carniceros para que fueran resueltos.

¿Cómo llegó a ser Concejala? ¿Usted ya estaba interesada en la política?

“Siempre hay problemas en la organización, por eso constantemente voy a la federación para que los solucionen. Pero ese día, yo no sabía que había un ampliado para que se nombre a alguien para la concejalía representante de la Federación. Cuando voy por un problema interno de la asociación me dicen, compañera hay una reunión, un ampliado. El dirigente de la Federación estaba en contra mío, y no quería avisarme porque no quería que mi asociación se candidatee. Tenían que estar todos los Secretarios Generales, pero no me avisaron. Era bien discriminadora esta persona, me humillaba como mujer, se reía de mi, por eso he llorado grande. Ellos querían manejar a su manera, a su gusto. Pero había diferentes organizaciones en esa reunión que me apoyaban”.

Elsa estuvo a punto de renunciar a su cargo dada la humillación que sentía por parte del dirigente de la Federación. Sintió deseos de abandonar todo. Nos contaba que sus compañeros de otras asociaciones le decían “tu no puedes pedir permiso, tu eres la organización mas grande. Por eso no me han dejado que me vaya. Y por eso he seguido peleando, con llorar y todo. Me daba rabia, tanta impotencia. Pero yo con mis palabras me defendía”

Fue entonces en ese ampliado, que estaba convocado para que se eligiera entre todos los Secretarios Generales de las asociaciones quién representaría al sector en la Concejalía, que los mismos compañeros de Elsa consideraron que ella era la persona para ocupar ese puesto. Y ahí se generó una lucha política con el dirigente de la Federación que tanto la había discriminado, ya que él era quién quería postularse. Sin embargo, el resto de los compañeros y compañeras la nombraron y votaron a Elsa. Y luego, esta decisión fue avalada y reafirmada por las bases. El Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, le había pedido al sector que definiera un candidato para presentar en las listas de Concejales del Alto. Se había definido que fuera el 50% de cupo femenino. Esto también le permitió a Elsa ser parte de las listas.

“Realmente de esa manera yo llego aquí. Ha sido difícil, me he enfermado, me he puesto mal. Solo quiero que me de vida y salud el Señor, me he puesto en deuda para esta campaña. Hay ratos que me arrepiento y después digo ya estoy aquí, por la ciudad y la población tengo que seguir. Hay gente que ve a una persona sencilla e humilde, creen que no voy a hacer nada. Yo no sabía muchas cosas, esta comisión incluso es difícil (Elsa está a cargo de la Comisión Administrativa Financiera del Concejo del Alto). Yo sin saber, he elegido esta comisión que es muy difícil, mucho trabajo. He llegado a aprender, y lo estoy llevando con responsabilidad. Esto ha sido  una lucha incansable pero no imposible. He llegado y ahora tengo culminar, son 5 años de mandato”.

¿Cómo ve la participación de la mujer en la política de Bolivia?

“Realmente no estamos entrando siempre el 50% de las mujeres, pero gracias al Presidente estamos incursionando en instituciones públicas y privadas. A las mujeres de polleras a veces ni nos dejaban entrar a las oficinas. Y eso es gracias a nuestro Presidente y al proceso de cambio. Eso se lo voy a agradecer infinitamente. La política es un juego tremendo. Entre mujeres también nos humillamos. Sigue esa discriminación hacia la mujer de polleras. Algunas personas profesionales se sienten celosas que nosotras le quitemos sus lugares.  Nos siguen viendo mal. Pero estamos trabajando para llevar el proceso de cambio de nuestro presidente. Tenemos que ayudar para mejorar el país”.

Visitas en los primeros días de viaje

Radio ACLO Potosí

La primera experiencia que conocí fue la Radio ACLO en Potosí. Me presenté con Rober Alejandro y estuvimos charlando largo y tendido sobre la radio y su función en la comunidad. Esta emisora es bien interesante ya que un gran porcentaje de su programación es en Quechua. Depende de la Fundación ACLO que se fundó hace más de 30 años por sacerdotes jesuitas y posee diferentes emisoras en Sucre, Tarija y Potosí, produciendo contenidos de estas regiones alternativos a los medios masivos.

Radio ACLO Potosí

Trabajan temas rurales, con los campesinos e indígenas y actualmente se encuentran en un momento de inclusión de temas urbanos, la migración del campo a la ciudad y los cambios climaticos. Es por ello que incluyeron la puesta en marcha de una radio FM para llegar a la ciudad.

Pertenecen a la red Erbol que es una red de radio educativa muy importante de Bolivia y trabajan con Aler temas educativos y de capacitación del personal. En ese sentido, una de sus funciones es capacitar a referentes de comunidades en radio como reporteros populares. Estos producen sus noticias y después mandan micros por celular o se acercan a la radio por la mañana o la noche para comentar sus noticias.

Santa Cruz de la Sierra

En Santa conocimos dos experiencias de comunicación.

Una de ellas es Video Urgente. Nos juntamos con David en la plaza principal de la ciudad y charlamos acerca de la organización. Este es un colectivo de jóvenes que, mediante el audiovisual, realizan denuncias y acompañan diferentes luchas populares, como por ejemplo la del movimiento indígena vinculada al Tipnis. Realizan proyecciones en la vía pública para tener más acercamiento a las comunidades.

Pueden acceder a su blog:  videourgente.blogspot.com

Casa de la Mujer

Un lunes por la mañana acordamos encontrarnos con Fabiola en la Casa de la Mujer, que se encuentra frente al Mercado 4 de noviembre de la ciudad de Santa Cruz, en el 3er anillo. Así que para llegar tuvimos que tomarnos varios minibuses, ya que la ciudad es muy grande y algo caótica, como toda gran ciudad.

En Santa Cruz de la Sierra

La Casa de la Mujer es una ONG que pone en práctica diferentes acciones para contrarrestar la violencia de género. En la casa brindan asesoramiento jurídico, atienden a mujeres víctimas de violencia, realizan formación política y capacitan en liderazgo, brindan talleres sobre género y  también trabajan en comunicación no sexista mediante la Radio Alternativa. Participamos de un programa en donde se hablaba sobre la construcción participativa de las Cartas Orgánicas. Cabe aclarar que Bolivia se encuentra en un proceso de fortalecimiento de las autonomías, por eso en todos los municipios se están elaborando las cartas orgánicas. En ese sentido, la Casa de la Mujer está reivindicando la puesta en marcha de presupuestos de género en las municipalidades.

Casa de la Mujer

Hacete amigo/a de la Casa por Facebook: Casa de la Mujer http://www.facebook.com/casadelamujerbolivia